La Protección Social que Tenemos o Por Qué Reformar el Seguro de Cesantía Ya

Las personas están expuestas, a lo largo de su vida, a distintos riesgos que amenazan su capacidad de generar ingresos suficientes para mantener una vida digna. El desempleo, la invalidez, la enfermedad, la muerte de un cónyuge y la pérdida de su aporte económico al sustento familiar, y la posibilidad de agotar en vida los activos acumulados para financiar la vejez, son algunos de los principales riesgos.

En Chile, algunos de estos riesgos están cubiertos por los programas de protección social. En particular, en nuestro país los sistemas que buscan suplir de ingresos en el desempleo y en la vejez están basados en cuentas de ahorro personal. La capitalización individual tiene ventajas. Por una parte, y al menos en teoría, las personas estarían más interesadas en una buena administración cuando se trata de recursos propios que cuando son de todos. Asimismo, no corren el riesgo de quiebra, porque los sistemas no prometen más beneficios de los que la acumulación individual pueda financiar. Por último, excepto por la experiencia reciente en Argentina, los fondos suelen estar mejor protegidos de su utilización política.

Sin embargo, las cuentas individuales son un mecanismo muy limitado de protección. En particular, sigue siendo relevante el riesgo de no tener un empleo formal que permita cotizar de manera continua. Asimismo, la volatilidad de la rentabilidad es algo que debe asumir enteramente el trabajador, una lección que nos ha tocado con fuerza ante la crisis financiera reciente. En otras palabras, un trabajador que no ha tenido la suerte de tener un trabajo formal continuo o que ha vivido periodos de baja rentabilidad, acumulará muy poco como para cubrir la pérdida del empleo o una jubilación digna.

Es por esto que la Reforma Previsional reciente elevó de manera significativa las garantías que el Estado da a quienes no han podido acumular para la vejez. Las Pensiones Básicas Solidarias justamente limitan los riesgos que conlleva financiar la jubilación exclusivamente con una cuenta individual. Permite además, compartir riesgos con otros, de modo de que todos podamos contar con ayuda en situaciones de vulnerabilidad.

Ahora es el turno del Seguro de Cesantía. Nuestro sistema actual combina cuentas individuales con un Fondo Solidario, pero las condiciones de acceso a éste son tan restrictivas que sólo un 3% de los beneficiarios puede contar con esos recursos. Los demás trabajadores deben financiar su desempleo con su propia acumulación, la que hoy alcanza a cubrir sólo un 30% de un salario por una sola vez. Es muy difícil pensar que con esos recursos las familias puedan enfrentar el desempleo de uno de sus miembros sin tener que hacer ajustes importantes en sus gastos y en su nivel de vida.

El gobierno ha presentado hace unos meses un proyecto que otorga un mejor acceso a este Fondo, reduciendo la importancia relativa de las cuentas individuales en la protección, emulando la Reforma Previsional. Si bien el proyecto puede ser mejorado en diversos ámbitos, hoy, que la rentabilidad de los fondos se ha vuelto más volátil y que el riesgo del desempleo pareciera ser mayor, se ha vuelto más urgente su aprobación.

Andrea Repetto
Economista
Escuela de Gobierno Universidad Adolfo Ibáñez
Consejera de ComunidadMujer

 
 

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