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Clara Rojas y su infierno en la selva
Hace un año que el Ejército colombiano logró liberar a Ingrid Betancourt de manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tras la espectacular “operación jaque”, que consiguió traerla devuelta a la vida, junto a otros rehenes, sin tener que descargar ni un solo tiro. Este aniversario coincide con la publicación del último ranking sobre los estados fallidos del mundo, realizado por la organización The Fund for Peace y la revista norteamericana Foreing Policy. Se trata de países inestables y conflictivos que arrastran interminables guerras, pobreza, anarquía. En esta lista negra se consideraron 177 países, y de estos Colombia se llevó el tristemente célebre primer lugar como nación “fallida” de Sudamérica, ubicándose en el lugar 41 del ranking.
El narcotráfico, los secuestros por parte de la guerrilla y la corrupción siguen siendo los grandes flagelos del país andino, y se han hecho más visibles que nunca para el resto del mundo en los últimos años gracias a las historias de dos mujeres unidas y más tarde distanciadas por la tragedia: Ingrid, la ex candidata a la presidencia de la República por el Partido Verde Oxígeno y Clara Rojas, su amiga, compañera de lista y la mujer que tuvo un hijo en cautiverio. Ambas fueron secuestradas por las FARC en 2002 y liberadas seis años después, con meses de diferencia.
Clara, volvió del infierno primero, gracias a la mediación del presidente Venezolano Hugo Chavez y la senadora colombiana Piedad Córdoba. Ingrid fue liberada después por los militares colombianos en un arriesgado operativo con tintes cinematográficos. Clara resolvió quedarse en su país y quitarse el miedo del cuerpo y la mente, mientras recupera el tiempo perdido con su hijo Emanuelle -a quien dejó de ver cuando tenía apenas 8 meses y recuperó a los 4 años-, Ingrid, en tanto, vive hoy en Francia junto a sus hijos Melanie y Lorenzo, afanada en recuperar una vida que estuvo a punto de apagarse. Clara escribió un libro contando la historia de su secuestro. Ingrid anunció la próxima publicación de su relato sobre esta experiencia del cautiverio. Ambas recorren hoy el mundo reuniéndose con presidentes y autoridades para pedir que los cientos de secuestrados que aún permanecen en la selva colombiana no sean olvidados.
Clara es de aquellas mujeres que cuenta las cosas más tristes y desgarradoras con gesto apacible, sin estridencias, con gran dignidad. En su reciente visita a Chile para promocionar su libro Cautiva (Ed. Norma) tuvimos la oportunidad de conversar con ella durante una cena en un restaurante de Santiago. Allí contó cómo escribir este libro la ayudó a perdonar a sus captores, a dar vuelta la página y mirar al futuro con optimismo, muy lejos de la política que antes tanto la apasionó y entusiasmada con iniciar una carrera como escritora “de cosas menos tristes” que este relato catártico, aunque medido, en el que plasma el espanto, la incertidumbre, el aislamiento y la crueldad de su cautiverio. Pero también nos habló de su lucha por defender la vida en medio de la muerte, su empeño por dar a luz un hijo que viviría sus primeros meses en las condiciones muy precarias, su inconmensurable dolor al tener que separarse de él por años y la inmensa alegría que la embarga hoy al tenerlo junto a ella. “Cada mañana me despierto y doy gracias a Dios por estar viva”, confesó Clara sin olvidar que su felicidad no puede ser total porque aún hay compatriotas que están cautivos en algún lugar de la selva colombiana, encerrados en jaulas y encadenados al cuello, vigilados por guerrilleros armados, que a veces no superan los 14 años, y temiendo que en cualquier momento el ejército del presidente Álvaro Uribe intente una nueva liberación que los haga caer víctimas del fuego cruzado o ejecutados por la guerrilla. El mismo miedo que tantas veces sintió Clara Rojas…
En su libro esta abogada de 44 años no entra en cuestiones ideológicas, aunque deja entender que si las FARC aún existen después de casi medio siglo de lucha armada, es porque estos hombres y estas mujeres no tienen otro medio de vida, porque no encuentran una mejor alternativa, u otro espacio que les brinde una identidad. Al parecer ya nadie se acuerda de los objetivos fundacionales que llevaron al desaparecido líder histórico Manuel Marulanda, a fundar esta guerrilla al calor de la revolución cubana. Y precisamente por eso, porque la lucha se transformó en un sinsentido, que las dos mujeres símbolo del secuestro hoy sienten la responsabilidad de ponerse al servicio de esta causa, sin rencor, sino con la certeza de que este conflicto sólo se resolverá por la vía del diálogo y la negociación.
Alejandra Sepúlveda P.
Directora de Comunicaciones, ComunidadMujer
Periodista
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